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Cómo la meditación nos da salud

Cada vez nos preocupamos más del cuidado del cuerpo y de nuestra imagen, sin embargo, no hay todavía mucha conciencia de la importancia del cuidado de nuestra mente. De la misma manera que atendemos el cuerpo, hay que atender la mente.

Para tener una salud integral es necesario poder descansar de nuestra mente, y así evitar volvernos sus prisioneros y que nuestra vida se automatice. Nuestro carácter y nuestros patrones de conducta generan unos tipos de pensamientos u otros. Debemos tener en cuenta que los pensamientos son muy poderosos, hasta el punto en que pueden darnos salud o quitárnosla. Todo lo que repercute en nuestra mente repercute en nuestro cuerpo y todo lo que ocurre en nuestro cuerpo repercute en nuestra mente. Por lo tanto, si queremos ganar salud, debemos aprender a dirigir la atención a donde nosotros queremos y no a donde nuestra mente y nuestro carácter quieren.

¿Cómo nos ayuda la meditación en esta tarea?

La meditación es una herramienta útil para cultivar la atención mental. No es una técnica de relajación, pero cuando la introducimos en nuestra cotidianidad vamos encontrando calma, ecuanimidad y perspectiva para ver con más claridad las cosas. Todo ello como consecuencia dirige nuestra mente a donde nosotros queremos.

Con la meditación aterrizamos en el presente, nos damos cuenta de nuestras verdaderas necesidades, nos responsabilizamos de nuestro contenido mental. Además, recuperamos nuestra energía y descansamos de manera integral.

¿Cuáles son los trucos para meditar?

Para meditar es importante encontrar un momento del día en el que no vayamos a tener que ocuparnos de nada más que de nosotros mismos.

Este momento puede variar para cada uno de nosotros; unos preferirán por la mañana, nada más levantarse, otros por la noche antes de acostarse… La elección del momento es personal y única.

Asimismo, también es importante buscar un lugar donde se pueda estar tranquilo, donde no hayan prisas, ni móviles, ni distracciones. Un lugar donde nuestra atención se deposite en nosotros mismos.

Además, es necesario encontrar una posición corporal donde la verticalidad esté presente, tanto si meditamos en un cojín como si lo hacemos en una silla. Una vez sentados, poco a poco vamos tomando contacto con nuestro cuerpo y aflojamos las tensiones del rostro, los hombros, el estómago, etc. Cerramos los ojos y llevamos nuestra atención mental a la respiración, tomamos contacto con la sensación que nos produce el aire al entrar y al salir. Cada vez que la atención se pierda y no esté en la respiración, llevemosla de nuevo a la respiración.

 

Con esta simple práctica, podemos crear un hábito que nos mejorará nuestra calidad de vida y por tanto, nuestra salud y bienestar.

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