La forma Zen de cocinar

Por Sha Wellnes Clinic
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30 de enero de 2019
Nutrición saludable

Los mejores chefs del mundo viajan a Corea del Sur para conocer a Jeon Kwan, una monja budista y cocinera en el templo Baekyangsa, que solamente utiliza verduras y salsas que ella misma fermenta, algunas durante años. Es la cocina de la felicidad.

 Jeong Kwan es una monja budista Zen en el templo Baekyangsa en Corea del Sur. Tiene un aspecto delicado, sin ser frágil. Parece vital, aunque no joven; experimentada, aunque no anciana. Su vestimenta es simple e impecable en tonos neutros. Con su cabeza rapada, parece casi no tener género. Lo único de ella que parece fijo y seguro es la paz que emana. Su movimiento harmonioso transmite elegancia y tranquilidad. Y Noma o cualquiera de los mejores restaurantes del mundo podrían servir su comida.

Jeff Gordinier, un crítico gastronómico del New York Times, es una de los mayores admiradores de Kwan. Gordinier descubrió a Kwan a través del chef de Le Bernardin, Eric Ripert, uno de los mejores y más populares chefs del mundo. Ripert llevó a Kwan a Nueva York. Gordinier es el hilo conductor en el episodio sobre Kwan de Netflix: “Chef’s Table” el cual le dio un reconocimiento mundial.

Kwan tiene una reputación internacional desde hace más de 60 años. Su vida es un ejemplo de compromiso y simplicidad y continuará así a pesar de su fama. Jeong Kwan nació en Yeongju, en la provincia Gyeongsang del Norte. Ella es la quinta de siete hermanas y la tercera hija. Estaba destinada a ser la esposa de un granjero. A los seis años comenzó a cocinar imitando lo que veía hacer a su madre todos los días. Su único objetivo era compartir la felicidad en un ambiente pobre y trabajador.  A la edad de 17 años, cuando su madre murió, decidió convertirse en monja en un templo para que nunca sus hijos fueran infelices como cuando murió su madre. Eso fue en 1974. Kwan llegó a la puerta del templo con las manos vacías y las monjas la acogieron. Fue el final de su vida secular y el comienzo de una vida monástica y austera. Fue difícil al principio debido a la falta de sueño. Casi se rinde del agotamiento. Las monjas se despertaban a las tres de la mañana y desde el principio asignaron a Kwan en la cocina. Fue un punto feliz. A Knawn le gustó porque era una especie de maternidad. Ahora su cocina materna alimenta a todo el templo.

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