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¿Sabemos lo que comemos?

Por SHA Wellness Clinic
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08 de junio de 2016
Nutrición saludable

“¡Ese tipo de alimentación es muy cara!” “Lleva mucho tiempo el prepararla” “Yo no tengo tiempo para eso”; estos son algunos de los argumentos que oigo por parte de aquellos aún no convencidos por el impacto que tiene la alimentación en nuestra salud. Quizás es momento de que dejemos de preguntarnos por qué la alimentación natural es tan cara, y nos preguntemos por qué la alimentación procesada puede ser tan barata, tiene tanta caducidad, es tan fácil y rápida de preparar…

 

La medicina científica ha experimentado un gran avance en los últimos 50 años, consiguiendo que personas que padecen determinadas patologías puedan vivir cada vez más años desde su diagnóstico. Sin embargo, poco o nada se habla de cómo evitar que dichas patologías lleguen a producirse. Hipocratés, reconocido como el padre de la medicina occidental, decía “Que el alimento sea tu medicina y la medicina sea tu alimento”. Esa es la importancia que le atribuía a la alimentación, capaz de enfermarnos o de sanarnos. Y es que si lo reflexionamos, no existe ningún otro factor controlable a lo largo de nuestra vida capaz de influir tanto en nuestra salud, nuestro aspecto físico, nuestra vitalidad y hasta nuestra agilidad mental que los alimentos que ingerimos. Por tanto creo que puede merecer la pena prestarle algo de atención a este aspecto.

 

Vivimos en un mundo inundado por la publicidad, con escasa regulación al respecto, sobre todo cuando se refiera a alimentación. No llega al grueso de la sociedad un mensaje claro de qué es o deja de ser beneficioso para nuestra salud, reinando una gran confusión, que hace que incluso aquellos productos menos beneficiosos para nuestra salud parezcan ser el gran remedio para contar con energía, calcio, proteínas, hacer funcionar de mejor manera nuestro sistema digestivo o aumentar nuestras defensas. La legislación europea cuenta con un gran vacío al respecto, que hace que para el común de la gente sea imposible descifrar el contenido real de un alimento, por más tiempo que pase leyendo su etiqueta. Incluso los estudios científicos se encuentran cada vez más condicionados por los intereses de quien los subvenciona, enfocándose en las características positivas que pueda tener el consumo frecuente de un alimento, eludiendo el perjuicio que pudiera causar bajo otras perspectivas.

 

Mientras tanto, el gasto en sanidad de los gobiernos no dejan de crecer año a año, de la misma manera que crece el número de personas que padecen cáncer, enfermedades cardiovasculares, diabetes, hipertensión y otras tantas enfermedades relacionados en gran medida con nuestro estilo de vida. No se trata de dejar de disfrutar un aspecto tan importante en nuestras vidas como es la alimentación, sino de tener el conocimiento para hacerlo de una manera inteligente.

 

Alejandro Bataller
Vicepresidente SHA Wellness Clinic

SHA MAGAZINE

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